domingo, 2 de octubre de 2016

Reflexiones, fortalezas y debilidades

Para cerrar este primer bloque sobre Participación, Convivencia y Aprendizaje; y tras contrastar mis impresiones con las de otros compañeros, observo una coincidencia generalizada de criterio en torno a la necesidad de reforzar los lazos de la comunidad educativa, ya que ésta no puede limitarse a la relación de enseñanza-aprendizaje entre profesores y estudiantes, si no que debe englobar (en la práctica, porque en la teoría ya lo hace) a las familias, al personal de Administración y Servicios (tan necesario para la buena marcha de cualquier centro) e incluso al vecindario.

Precisamente para subrayar esa necesidad, decidí incluir en una entrada anterior esta imagen:
Otra reflexión común ha sido la de promover la formación del profesorado. Quizás uno de los primeros obstáculos que hay que salvar para avanzar hacia una Educación inclusiva  y hacia comunidades de aprendizaje basadas en el aprendizaje dialógico sea la resistencia de parte de los docentes; cuyo rechazo nace más del miedo a salir de su zona de comfort y a la desinformación, que a actitudes contrarias a la innovación.

En el caso concreto de mi centro, he tratado de identificar una serie de fortalezas y debilidades que sinteticé con la ayuda del programa easel.ly

Debo reconocer que el modelo de comunidad de aprendizaje me parece más apropiado y fácil de implementar para la Educación Infantil y Primaria que para la Secundaria. Algunos compañeros de curso que trabajan en colegios, en sus opiniones en los foros, han mencionado la falta de adecuación de sus instalaciones escolares para facilitar dinámicas más participativas. En un IES a este mismo factor hay que sumarle la diversidad de materias y docentes, la rigidez horaria (aunque actualmente la norma permite organizar 1º y 2º de la ESO por ámbitos, y lo mismo ocurre en los Programas de Mejora del Aprendizaje y Rendimiento -PMAR-) y la complejidad organizativa.

No obstante, no quiero ser pesimista y considero que se pueden dar pasos poco a poco desde los cursos inferiores, que también suelen ser los más conflictivos en cuanto a convivencia. Una vez se implante la semilla en un grupo y funcione, y de verdad se experimente una mejora de los aprendizajes, de los resultados escolares y de la convivencia; la tendencia será que otros docentes quieran sumarse en cursos siguientes al modelo dialógico y que las propias familias se contagien unas a otras en el entusiasmo por participar.